miércoles, 6 de enero de 2010
Jesucristo y Mc Patatas, por favor.
La abuela siempre insiste en verme como una representación del anticristo en la tierra por el simple hecho de vestir de negro, tener aretes y creer igual en el gobierno que en la iglesia: los dos son una mierda. Dice que estoy loco y que mis ideas son subversivas. Que lo único que haré con mi actitud es destruirme. Probablemente cree que me drogo. No tomo ni alcohol. Leo más libros cada mes de lo que ella leyó toda su vida y, probablemente hablaré con mis hijos más de lo que ella habló con los suyos.
La última vez, me dijo que me iba a arrepentir si no me arrepentía ante Jesús (válgame la rebuznancia de la vieja), y que aún más difícil que ser hijo y entrar al reino de los cielos, era ser rebelde y ser protegido por Dios.
Fue entonces que saqué la Biblia y después de leer varios versículos encontrados de memoria ante la sonrisa de sorpresa que brotaba en mi abuela, la miré a los ojos y le dije: “Abuela, yo sé que eres una mujer inteligente. Te respeto profundamente. Ahora quiero preguntarte algo ¿No era éste compadre Jesús el más rebelde de los rebeldes? A los rebeldes de la revolución les llevó menos de veinte años comenzar a ser venerados ¡A éste brother, fueron casi dos mil años, Abue! Mira que juntarse con las putas y todo eso en esas épocas… aunque ciertamente los que se creían tradicionales eran las que más las consumían. Pero bueno, es igual de incoherente como una sociedad machista que no permite una mujer al frente pero no faltan a rezar, y solamente lo hacen, que es peor, el doce de diciembre a la basílica. O ¿Tú como ves abue?”
La abuela me tomo la biblia de las manos, y sólo escuché que azotaba la puerta mientras blasfemaba: “¡Blasfemia!” Válgame la redundancia.
Lo cierto es que, aunque la abuela nunca me regaló un piercing por mi cumpleaños, jamás volvió a decirme nada acerca de los rebeldes y su relación con Dios...¡Gacias a Dios!
Nota del autor: Reitero que esto es un cuento, y aunque no soy realmente católica, confieso públicamente que admiro profundamente a Jesús, por el hombre que pudo ser encarnado la divinidad, y así mismo, soy fiel devota, por accidente -bendito sea- de la virgen de Guadalupe. A ellos dedico ésta historia que pretende más que interrogarlos a ellos, interrogar el mito en el que los han convertido. Hay que cuestionar todas las cuestiones, valga la redundancia.
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